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miércoles, 24 de noviembre de 2010

algunos singles de The Stiffs

Como en la entrevista creo que ya se explican bastantes datos, detalles y curiosidades de la historia de la banda y de sus discos, aquí sólo comentaré alguno de sus singles. Obviaré el primero por razones ya comentadas en la entrevista (que no les gustó una mierda y prefirieron que se mantuviese oculto, vaya) y el de “Goodbye My Love”, porque ya lo ha reseñado el amigo Javier.
Añado de paso un par de versiones de canciones que no editaron en su momento. Una es de su clásico “Brookside Riot Squad”, interpretada por un joven grupo punk estadounidense. Y la otra es una cover que grabaron “los Rígidos” de Blackburn de uno de sus grupos glam de cabecera, los semi-olvidados Hello.
En 2002 sacaron un single titulado “Four Winds”, con un par de temas -creo que inéditos-, mediante el recomendabilísimo sello japonés 1977 Records. Y de 2008 data otro single (“Innocent Bystander”), publicado por Still Unbeatable Records, con canciones que ya grabaron en los 80, aunque desconozco si son re-grabadas o procedentes de alguna sesión inédita.

INSIDE OUT / KIDS ON THE STREET (1979)
Grabado en el estudio Pennine Sounds, sito en Oldham, en 1979. Curiosamente, en el estudio en el que se registró su maqueta, de la que nunca se han sentido muy orgullosos. Retornaron a él porque estaban convencidos de que su primera grabación no había resultado tan chunga por culpa del estudio sino porque aún estaban muy verdes y, sobre todo, porque no tenían un duro y ni siquiera pudieron pagar el máster de la grabación, teniéndose que contentar con una copia en cassette que les pasó el dueño. Después de esa amarga experiencia y de la siguiente, aún más decepcionante, en un pequeño estudio de Lancashire (de esas sesiones se extrajeron los temas de su desechado EP “Standard English”) se conjuraron para no cometer más cagadas de novato e ir perfectamente preparados para no tener que arrepentirse después. Y la verdad es que se nota, porque sin ser un sonido espectacular sí suena lo suficientemente bien para apreciarse las composiciones del grupo en todo su esplendor.
La primera canción (que dio nombre al single) suena a una mezcla entre lo más melódico del punk77 y lo más rockero del mod revival junto a algo de rock setentero del guapo. La letra, aunque algo críptica, parece claramente una arenga contra los grupos arties que se subieron al carro de la música “rebelde”. Y la segunda pieza es un temazo de cojones. El título, “Kids on the Street”, ya insinúa que te puedes encontrar en él. Una letra ligeramente populista, recordando por ejemplo a unos Sham 69, que proclama que cuando la moda punk se haya desvanecido los chavales todavía seguirán teniendo cosas que decir e ideas por las que luchar, aunque ya no vayan vestidos de “punk rockers de manual”. Y que ellos seguirán dándole a las guitarras cosa buena sin importarles las modas que implanten la prensa y la industria musical. Una canción muy melódica y emotiva, con un estribillo pegadizo y un final sencillo pero con mucha clase.
Y no he dicho cara B porque, por azares de la historia, un error en la planta de prensado provocó que la mayoría de las 1000 copias de la primera tirada (con las etiquetas de la galleta en azul y blanco) se editasen con “Kids on the Street” en la cara A en lugar de “Inside Out”. Dicho fallo al final jugó a su favor ya que cuando una copia con la errata llegó a manos de John Peel, éste pinchó el disco y al momento se quedó prendado de la “falsa” cara A, pinchándola sin parar en su programa. Aunque le encantó todo el single, en caso contrario no hubiese proclamado que era “el mejor disco en toda la historia del universo”! Sin duda John Peel tenía de vez en cuando ataques de emoción en los que se flipaba de la ostia. La cagada en la disposición de las caras del disco la arregló el propio grupo en las sendas tiradas del single (éstas con las etiquetas en verde y blanco) que se publicaron a principios de los 80, que para eso se lo habían auto-editado en su sello Dork Records. Se llegaron a vender 5000, nada desdeñables, copias del single. Eso atrajo la atención de Zonophone (subsidiaria de EMI), que lo re-editaría a finales de 1980, aunque ya con su carpetita y una presentación más currada, en cuya portada figuraba una decadente foto de lo que parece una fábrica abandonada, o algo así.


VOLUME CONTROL / NOTHING TO LOSE (1980)
Debido al éxito de ventas de su anterior plástico, EMI les ofreció un contrato. Así que la primera edición de este disco salió ya directamente con la filial Zonophone. Aunque la relación con EMI no fue precisamente idílica, ya que el grupo tuvo que padecer que la compañía rechazase para su publicación varias maquetas por ser poco comerciales. Aunque los Stiffs se tomaron una pequeña revancha con la canción de la cara B (“Nothing to Lose”). Concretamente con unos cuantos versos de la segunda estrofa en los que describían con ácida ironía la manera negligente de trabajar de la “major”. Mientras que “Volume Control”, en la cara A, era un ataque contra otro sector del negocio musical: los encargados de las salas de conciertos. Toda la letra versa entorno al tira y afloja entre la banda y un tipo que les está instando contínuamente a bajarse el volumen para no molestar a los vecinos. La conclusión es que ellos sólo tocan si ponen el volumen que les da la gana, si no se piran por donde han venido. Con este tipo de letras supongo que The Stiffs no será la formación más mimada por los capitostes de la industria musical. Al radiar este single, Paul Burnett (dj de Radio 1) les denominó “los Slade de los 80’s”. Y el polémico inventor del Oi!, el señor Garry Bushell, les describió como “pop punk de primera categoría”. A pesar de los cumplidos el disco no tuvo gran éxito en las listas de ventas.
Si escucháis las canciones notaréis al instante la diferente calidad de sonido entre ellas. Esto se debe a que cada corte fue registrado en estudios diferentes y con un mes de intervalo entre una grabación y otra . Uno de los productores del tema “Volume Control” fue John Williams (aunque utilizaba como músico el sobrenombre “John David”, vaya originalidad), bajista de una de las primeras bandas (The Raiders, tocaban rockabilly) del icono del pub rock, la new wave y el power pop como es Dave Edmunds.
Como podéis comprobar, estas dos canciones seguían manteniendo intacto el gusto de los de Blackburn por las buenas melodías pero con un plus de contundencia añadido. Por cierto, no sé si le pasará a alguien más, pero “Nothing To Lose” me recuerda bastante al principio a alguna famosa canción de otro grupo con la palabra “stiff” en su nombre, unos de Belfast. El estribillo ya es otro cantar y suena bastante al glam-rock que tanto adoraban y que desarrollarían en su siguiente single “Goodbye My Love”, y aún más en este single de 1985 que comento ahora.
(p.d.: el sello asiático 1977 Records, mencionado unas líneas arriba, re-editó el single en el 2002.)


THE YOUNG GUITARS / YER UNDER ATTACK (1985)
Este single salió en formato 12 pulgadas en edición limitada, con una primera tirada de 500 copias con la portada azul y una segunda con otras tantas de color rojo.
En realidad el disco se publicó bajo el nombre de Stiffs ’85, con una formación algo cambiada y unas pintas a lo hair rock cuanto menos discutibles. La causa de que grabasen este nuevo material fue el comprobar que tenían más capacidad de convocatoria de la que pensaban. Sucedió en diciembre de 1984, cuando debían ofrecer un concierto de regreso, ya que llevaban un tiempo separados. Pero ante su asombro, el concierto se tuvo que cancelar a los 15 minutos de empezar ya que había tanto público que no se podía garantizar la seguridad en la sala. Así que se aplazó para febrero de 1985. Entusiasmados al percatarse de que todavía tenían fans, aprovecharon el intervalo entre ambas fechas para meterse en el estudio y dejar estas dos piezas para la posteridad. Dos temas totalmente glam que a mí me parecen apoteósicos, aunque fijo que al 90 % de gente que escuche punk le parecerán una soberana mierda y una moñardada de cuidado jeje.



STAR STUDDED SHAM
Con la vitola de grupo “glam-punk” ya plenamente asumida, en 1987 graban “Star Studded Sham” en homenaje a una de las formaciones más admiradas por parte del grupo. Una canción de desamor popularizada por los “northlondoners” Hello en 1976, cuando salió como single, aunque posteriormente fuese incluida en su LP “Keep Us Off The Streets”. Aunque como sucedía con muchos grupos de glam-rock británicos de segunda fila bastantes canciones eran de autoría ajena al grupo. En este caso la canción fue escrita por Russ Ballard, todo un mito del mundillo musical. No en vano compuso canciones para estrellas del rock como Rainbow, Santana, Roger Daltrey o Uria Heep, entre muchos otros. Aunque su relación más productiva fue nada más y nada menos con Kiss. No mucha gente sabe que la famosa “God Gave Rock’n’Roll To You” es una versión de un combo llamado Argent, en el que Russ cantaba y componía. Aparte fue el creador de varios temas que grabaron Peter Criss y Ace Frehley en sus albums en solitario. The Stiffs endurecieron un poco la canción, dándole un tamiz tan ochentero que al escucharla evoca la banda sonora de cualquier película de artes marciales o aventuras de esa década. O igual sólo me lo parece a mí. En todo caso, un temazo como mi cabeza de grande, aunque tampoco entusiasmará a los más duros del lugar.




BROOKSIDE RIOT SQUAD
Una de las primeras canciones compuestas por el líder de The Stiffs, el señor Phil Hendriks, en 1978. La versión que se puede escuchar fue grabada en una sesión de radio, aunque no sé exactamente para qué programa, es que los tíos hicieron mogollón. La temática de la letra no consigo deducir, debido a mis limitaciones idiomáticas, si relata abusos policiales o narra las andanzas de alguna pandilla callejera un pelín violenta. Musicalmente, me recuerda muchísimo a unos Thin Lizzy punkizados. A continución podéis escuchar la versión que grabaron los jovenzuelos de los Street Brats de Chicago para su primer lp “Dead End Kids”, del 2004. Es curioso porque en este álbum dicho grupo iba en una onda “revival-punk82” que tan de moda estuvo durante un tiempo, representantado por The Unseen, Cheap Sex, The Virus y una interminable lista. Aunque la versión y algún título de canción, como “The Kids Just Wanna Dance”, denotaba su querencia por los sonidos más 77. Y vaya si se notó en su siguiente álbum (“See You At The Bottom…”, 2006), en el que cambiaron totalmente de imagen (de crestas y pantalones desteñidos por lejía a un aspecto más cercano al de cualquier grupo de power pop actual) y de sonido, ahora mucho más melódico y calmado. Cosas de americanos sin madurar, digo yo. La cover me parece correcta pero no aporta nada especial, incluso pierde algo de feeling por el camino. Pero escuchadla vosotros mismos (los cuatro freaks que deben leer este estupendo blog) y juzgad.


Por último os dejo con sendas imágenes de las versiones españolas de su single “Goodbye My Love” y de la promo del mismo. Con las habituales traducciones íberas de la época, pasando a ser “Adiós Mi Amor” y “Carrusel Mágico” el tracklist, aunque apenas se aprecia por la escasa calidad de las imágenes.

jueves, 14 de enero de 2010

artículos y fragmentos: 'el diablo en la canción' francisco casavella. 2008.05

Sólo el tiempo cuenta, el tiempo de verdad, el martillo de las ilusiones, el que pulveriza los ritmos y las melodías de la canción. Porque siempre hablamos de "canciones para el recuerdo" como si fuéramos Julie Andrews como una pídola en lo alto de las montañas berreando The sound of music. Pero ¿qué fue de nuestras canciones? ¿Por qué no puedo ver el documental sobre Joe Strummer si sé que cada minuto va a lijarme el alma con el recuerdo de todo lo que en realidad no fui, de lo que en realidad no hice, de lo que en realidad no sucedió en esta ciudad donde entonces y ahora se podía y se puede oler mierda bajo las calles? No, no puedo ver el documental sobre Strummer y pienso, contra lo que se suele suponer, que los nostálgicos -mis antagonistas- son en realidad gente dura, monolitos que pueden escuchar las canciones sin que les evoquen resacas, desamores, sábanas sucias, muertos, cenizas
... Y veo a los protagonistas del asunto, a John Lydon, alias Johnny Rotten, llorando al final de La mugre y la furia, el documental sobre los Sex Pistols, todo aquel cinismo, toda aquella provocación, ahora sólo lágrimas amargas... Y leo en Por favor, mátame la tristeza oceánica que subyace en el relato de Jerry Nolan sobre su primer concierto -Elvis en Hawai, nada menos- y el futuro batería de los New York Dolls y de los Heartbreakers sólo se puede fijar -en medio de una extraña fascinación- en el agujero que Elvis tiene en la suela de uno de sus zapatos. Y veo al mismo Strummer en el documental sobre la historia de The Clash también llorando -y amargamente-, no por lo que pudo haber sido y no fue, sino por lo que nunca pudo ser ni será. Es el tiempo y el diablo en las canciones.
Los grupos buenos: ¿quién puede oír a los Ramones, a Television, a Eddie and the Hot Rots, a los Jam, a Brinsley Schwarz, a los Modern Lovers, a los Fleshtones o a, ¡premonición!, Richard Hell, sin dejar de pensar: ¿esas canciones son yo mismo ahora, esa coliflor que te mira en el espejo son aquellas canciones y quizá la culpa no sólo sea mía? Y aunque la culpa sólo es mía quiero creer que los predicadores sureños tenían razón: es la música del infierno.
Y de pronto, estás en una barra, o en una estación de metro, o en un taxi, y por la estridente radio emiten una melodía de hace treinta años que nunca te llamó la atención, algo banal, sin historia, sin halo, sin recuerdo - Stevie Nicks cantando Dreams, por ejemplo-, y esa canción que quedó en el limbo de lo inocuo llega a las entrañas como un punzón y, misteriosamente, cura y susurra que hubo una vez algo tan fascinante como el agujero en la suela de Elvis en medio de toda esa autocompasión que ahora te acosa, estúpida y retorcida como un sacacorchos.
Y entonces te consuelas porque todo sigue del revés en un mundo que puede ser próspero para extravagantes más jóvenes, y las lágrimas salen sin duelo, sin amargura, corriendo.